¿Hay un mañana?

Suelo ser un tipo impetuoso, una víctima más de mis impulsos (he sido así desde pequeño), por lo que conozco muy bien las consecuencias de vivir atado al potro de las pasiones: todas son desastrosas. Sin embargo, el paso de los años me ha capacitado para embridar el deseo, para apaciguar los movimientos telúricos de mi alma. No es fácil, es verdad, pero claramente es posible conseguir una evolución positiva cuando así nos los proponemos. Creo que fueron las lecturas aristotélicas las primeras que me alertaron; desde entonces he sido un fiel buscador de la Φρόνησις o prudencia, como conocemos en nuestro mundo y tiempo esta virtud rectora.

Digo todas estas cosas a la luz de la pandemia de Covid-19 que nos tiene aquí todavía, como dijera un amigo puertorriqueño, enredados “como chivo en un alambre”. Estamos ahora mismo a unas horas de empezar un nuevo año y la verdad es que la situación, a despecho del portento de las vacunas, sigue encontrándose lejos de volver a ser la anterior a la explosión de toda esta locura global. El otro día hablaba con mi mamá y le anticipaba -seguramente me agarró en horas bajas- que el mundo que conocimos había muerto para siempre. Ahora sé que la cosa fue un exceso producto de la frustración. No podemos, pues, este es mi punto, actuar con desplantes emotivos ante una situación tan delicada.

Así es que desde esa prudencia a la que aspiro imagino que los años por venir serán sobre todo de adaptación al cambio inevitable que tuvimos que enfrentar. Soy un defensor radical de la ciencia y su tecnología, por lo que las vacunas deben seguir siendo la primera línea de defensa, queda claro, como claro es también que no son la “bala de plata” que acabe de raíz con este mal; es necesario restringir nuestra movilidad, utilizar medidas de barrera por tiempo indefinido y aceptar que tal es la realidad que nos toca vivir, sí, pero ¿por cuánto tiempo? Es una verdad palmaria que no podemos meternos a un agujero por el resto de nuestros días. Los idiotas que han negado sistemáticamente la seriedad de esta epidemia global y los no menos idiotas que han visto en esta tragedia la oportunidad para materializar sus fantasías dictatoriales, fustigando día y noche a los demás con ordenanzas draconianas que nadie o casi nadie atiende, solo nos lastran. No aportan nada a la sensatez, solo estorban, complican y llenan de ruido la discusión sobre el asunto.

Debemos volver a la vida, pero sabiendo que debemos nadar con tiburones. Debemos atender escrupulosamente todas las medidas establecidas y probadas durante los últimos dos años, aceptando que nunca será posible reducir el riesgo a cero. Debemos entender que esta es la realidad, poner atención para aprender todo lo que podamos de ella y, sobre todo, no perder el tiempo con aspavientos ridículos, lamentaciones y cobardías.

Sí, hay un mañana, para nosotros, para todos, para los que vengan. Les deseo un muy feliz año 2022. Sigamos caminando juntos.

-alx

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Álex Ramírez-Arballo

Álex Ramírez-Arballo

Escritor.

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